martes, 7 de agosto de 2012


WALLERSTEIN Y EL SISTEMA MUNDO CAPITALISTA
Por: Lida Elena Tascón*

Uno de los aportes más significativos de Immanuel Wallerstein a la sociología es su obra The Modern World-Sistem, publicada en 1974, la cual obtuvo un reconocimiento internacional (recibió el Premio Sorokin) y se tradujo a diez lenguas. Desde entonces, ha seguido trabajando sobre el tema y ha producido una serie de artículos y otros dos volúmenes en los que amplía sus análisis del Sistema-mundo.

Immanuel Wallerstein nació el 28 de septiembre en la ciudad de Nueva York en 1930. Estudió en la Universidad de Columbia donde obtuvo su doctorado (Ph.D. en So­ciología) en 1959, fueron allí sus profesores, entre otros, C. Wright Mills  y Robert K. Merton. También en esas mismas aulas inició su relación intelectual con Terence K. Hopkins y junto con Giovanni Arrighi emprendieron la tarea de construir el enfoque  teórico del sistema-mundo.

En 1970 inició su relación con Fernand Braudel, cuando escribía el primer volumen de The Modern World-System. En 1975 se trasladó a París donde Braudel lo invitó a trabajar jun­tos en la conducción de su seminario. Tuvo especial in­te­rés en los procesos de liberación nacional que agitaban a África. A su regreso a EEUU, en 1976, fundó el Centro Fernand Brau­del en la Universidad del Estado de Nueva York (SUNY) en Binghamton donde ejercería también la docencia hasta 1999.

En 1974, Wallerstein publica el primer volumen de su obra El sistema-mundo moderno donde presenta sus tesis principales que ha seguido desarrollando desde entonces. Ha mantenido en este período una estrecha relación crítica con el equipo de investigadores sociales que se identifican con Monthly Review, revista y casa editorial donde se publican las obras de Paul Sweezy, Harry Magdoff, Samir Amin, A. Gunder Frank y otros. En América Latina mantiene relaciones con los centros de in­vestigación de la región, participó en el último Foro Social de Porto Alegre y sostiene una relación de trabajo especial con el sociólogo peruano Aníbal Quijano. En la actualidad Waller­stein es profesor eméritus de SUNY-Binghamton, continúa di­ri­giendo el Centro Fernand Braudel y es investigador titular en la Universidad de Yale[1].

Wallerstein es un referente para la discusión no solo del origen y funcionamiento del capitalismo moderno, sino, también de su crisis y transición y alude a la capacidad de los actores de intervenir en su constitución. Wallerstein cuestiona las nociones (tradicionales) de la modernidad que nos presentan el mundo como un cúmulo de re­laciones sociales en perfecto equilibrio funcional o en un estado de permanente conflicto con objetivos y resultados conocidos. Critica  las formas de producir co­no­ci­mien­to científico pues considera, que estamos frente a una crisis epistemológica que se expresa por la incapacidad de la ciencia tal como la he­mos construido para explicar la transición que atraviesa la humanidad.

A continuación desarrollaré los argumentos más importantes de sus textos: El Moderno Sistema Mundial. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI, capítulo, Preludio medieval; Análisis de Sistemas-mundos, una introducción; y, El capitalismo histórico y movimientos antisistémicos. Un análisis de sistema mundo. Posteriormente, escogeré algunos de sus argumentos para analizar la situación en América Latina, en particular Colombia.

Wallerstein, explica que a finales del siglo XV y principios del XVI nació la economía-mundo europea. Era un tipo de sistema social que el mundo no había conocido anteriormente, y que constituye el carácter distintivo del moderno sistema mundial[2]. Se distingue la economía-mundo del imperio-mundo en que el vínculo básico entre las partes del sistema es económico, aunque con vínculos culturales y políticos. En el caso del imperio su unidad es política, comprendía amplios territorios, su centro era personificado en la persona del emperador como en las instituciones políticas centrales. Los imperios existieron a lo largo de cinco mil años, su centralización política constituía su fuerza y su debilidad: (…) su fuerza al garantizar flujos económicos desde la periferia hacia el centro por medio de la fuerza (tributos e impuestos) y de ventajas monopolísticas en el comercio. Su debilidad yacía en el hecho de que la burocracia necesaria para su estructura política tendía a absorber un exceso de los beneficios, especialmente cuando la represión y la explotación originaban revueltas que aumentaban los gastos militares. [3]

¿Cómo surgió esta economía-mundo capitalista que hace parte del moderno sistema mundial? La respuesta se remonta en la crisis del sistema feudal de Europa occidental. Veamos:

Según Wallerstein en Europa a finales de la Edad Media, existía una “civilización” cristiana, pero no un imperio-mundo ni una economía-mundo. La mayor parte de Europa era feudal, es decir, consistía en nódulos económicos relativamente pequeños y relativamente autosuficientes, basados en una forma de explotación que suponía la apropiación relativamente directa del pequeño excedente agrícola producido en el seno de la economía señorial por una pequeña clase de nobles.

Aproximadamente del año 1150 al 1300, se vio una expansión en Europa geográfica, comercial y demográfica. Desde aproximadamente el 1300 hasta 1450, dicha expansión se contrajo. Esta contracción, tras la expansión, causó una “crisis”, una crisis no sólo económica sino también política (guerras internas de la nobleza y revueltas campesinas). También se hizo visible en la cultura, pues, la síntesis cristiana medieval se vio sometida a un ataque multitudinario en todas las formas que posteriormente serían consideradas como primeros pasos del pensamiento occidental “moderno”.[4]
Existen tres explicaciones fundamentales de la crisis feudal.

  1. Una es que fue esencialmente el producto de tendencias económicas cíclica. Habiendo sido alcanzado el punto óptimo de expansión, dada la tecnología existente, vino seguido de una contracción.
  2. La crisis fue esencialmente el producto de una tendencia secular. Después de mil años de apropiación del excedente bajo el modo feudal, se había llegado al punto de disminución de las ganancias. Debido a la ausencia de un avance tecnológico importante, la carga que caía sobre los productores del excedente había ido aumentando constantemente, por el creciente volumen de gastos de la clase dominante.
  3. El cambio en las condiciones meteorológicas europeas fue tal que redujo la productividad del suelo, incrementando simultáneamente las epidemias. Para Wallerstein  las tres causas juntas explican la enormidad del cambio social que se produjo.
A partir de la crisis, Europa iba a desarrollar y sostener una nueva forma de apropiación del excedente, una economía-mundo capitalista. “No iba a estar basada en la apropiación directa del excedente agrícola, en forma de tributo (como había sido el caso en los imperios-mundo) o de rentas feudales (como había sido el sistema del feudalismo europeo). En su lugar, lo que iba a desarrollar ahora era la apropiación de un excedente basado en una productividad más eficiente y ampliada (en primer lugar en la agricultura y posteriormente en la industria), por medio del mecanismo de un mercado mundial, con la asistencia “artificial” (es decir, ajena al mercado) de los aparatos de Estado, ninguno de los cuales controlaba en su totalidad el mercado mundial.” [5]

En otro texto aludiendo al surgimiento de la economía-mundo capitalista, expresa lo siguiente: “La transición del feudalismo al capitalismo implica en primer lugar ( lógica y temporalmente) la creación de una economía mundo, esto es, de una división social del trabajo mediante la transformación del comercio a larga distancia, de un comercio con “bienes de lujo” en un comercio de “productos de primera necesidad” o “mercancías de gran tonelaje”, vinculando procesos de producción muy dispersos en largas cadenas mercantiles. Estas cadenas mercantiles constaban de diversos procesos de producción, cuya vinculación permitió la acumulación de grandes cantidades de plusvalor y su concentración relativa en manos de unos pocos.” [6]

Para el establecimiento de tal economía-mundo capitalista fueron esenciales tres cosas: una expansión geográfica a través de la exploración y la colonización, el desarrollo de variados métodos de control del trabajo para diferentes productos y zonas de la economía-mundo, es decir, una división mundial del trabajo (ejemplo, países del centro y países de periferia), y la creación de aparatos de Estado relativamente fuertes en lo que posteriormente se convertirían en Estados del centro de esa economía mundo-capitalista. Veamos con más detalle cada una de estas tres fases.

La expansión geográfica: Wallerstein afirma que más que la necesidad de oro y plata, lo que impulsó a Europa a la conquista de nuevos territorios fue la necesidad alimentaria. En realidad, Europa necesitaba muchas cosas: oro y plata, materias primas, proteínas, medios para conservar las proteínas, alimentos, madera, materiales para procesar los textiles. Además una fuerza de trabajo  más tratable para construir la economía capitalista, esta iba a ser la mano de obra esclava. El país que primero llevó a cabo esta empresa de exploración ultramarina fue Portugal, que después sería imitado por otras naciones europeas.

División del trabajo a escala mundial: una vez lograda la expansión geográfica, era necesario el control de la mano de obra en diferentes regiones. La economía-mundo capitalista se especializó en funciones específicas: suministro de la fuerza de trabajo, alimentos, materias primas, y organización de la industria. Para Wallerstein, la división de trabajo mundial comprende tres áreas: centro, periferia y semiperiferia. El centro geográfico domina la economía mundial y explota el resto del sistema. La periferia, son las zonas que proporcionan materias primas al centro, y sostienen con éste, una relación de intercambio desigual. La semiperiferia, constituye una categoría residual que abarca una serie de regiones que se encuentran entre las explotadoras y las explotadas. Otro aspecto importante en la división del trabajo mundial es que el intercambio económico puede darse, sin una estructura política común y sin compartir una misma cultura.[7]

En el siglo XVI el noroeste de Europa, debido a una serie de factores históricos, ecológicos y geográficos, estaba en mejores condiciones que otras zonas para diversificar su especialización agrícola e industrial (textiles, construcción naval, metalurgia). Su especialización en la producción agrícola le exigió una especialización laboral. Europa oriental y las Américas se convirtieron en áreas periféricas especializadas en la exportación de granos, metales preciosos, madera, algodón, azúcar, etc., lo que favoreció a la esclavitud y al trabajo coactivo en los cultivos para el mercado mundial. Europa mediterránea se convirtió en un área semiperiférica, es decir, se especializó en productos industriales (sedas) actividades crediticias y transacciones en metálico[8]. Entonces, hacia 1640, las tres áreas estructurales de la economía mundo, centro, periferia y semiperiferia, se habían establecido.

Para Wallerstein, el intercambio desigual no es la única manera de transferir capital acumulado de regiones políticamente débiles a regiones políticamente fuertes. También está el pillaje, usado durante las primeras épocas de incorporación de nuevas regiones a la economía-mundo como por ejemplo el saqueo del oro por parte de los conquistadores en América[9]. En la actualidad esta práctica persiste ya que sus consecuencias son a mediano plazo y las ventajas a corto plazo, es el caso de Enron cuando se declaró en quiebra, luego de procedimientos de transferencia de enormes cantidades de dinero a manos de unos pocos administradores. Otro ejemplo es cuando las "privatizaciones" de propiedades estatales están el bajo control de empresarios que abandonan el país rápidamente dejando las empresas en quiebra.

Estados del centro: esta tercera fase del sistema mundial implica la utilización de estructuras del Estado por diferentes grupos económicos para proteger y promover sus intereses. En el marco político en que se ha desarrollado la división del trabajo se ha formado un sistema interestatal producto de un desarrollo histórico, basado en Estados soberanos jurídicamente independientes, pero vinculados a dicho sistema que los constriñe. Entre el siglo XVI y XIX, los Estados fueron los actores económicos centrales de Europa y desempeñaron un papel importante en el desarrollo del capitalismo. Wallerstein, aclara que estos Estados no fueron fácilmente manipulables pues crearon sistemas burocráticos y acuerdos constitucionales que limitaban las ambiciones particulares.

“(…) La maquinaria estatal de los países del centro se reforzó para satisfacer las necesidades de los terratenientes capitalistas y su aliados comerciantes; pero eso no significa que tales maquinarias estatales fueran marionetas manipulables a su antojo. Obviamente, cualquier organización, una vez creada, goza de cierta autonomía con respecto a quienes la crearon por dos razones: crea una capa de funcionarios cuyas carreras dependen de reforzamiento continuo de la propia organización ( …) En segundo lugar, en el proceso de creación del Estado fuerte, hubo que establecer otros compromisos constitucionales con otras fuerzas dentro de los límites de cada unidad política.[10]

AMERICA LATINA Y EL SISTEMA- MUNDO   

Bajo el enfoque del sistema mundo veamos que pasa en América Latina. Quisiera retomar su explicación sobre la división mundial del trabajo y la división en tres áreas estructurales de la economía-mundo: centro, periferia y semiperiferia.

Wallerstein sostiene que: (…) la estructura económica de los países actualmente subdesarrollados no es la forma en que una sociedad “tradicional” entra en contacto con sociedades “desarrolladas”, ni una etapa temprana de la “transición” a la industrialización, sino en realidad es el resultado de haberse incorporado a esa economía-mundo como un área periférica, productora de materias primas”. [11]

Lo anterior quiere decir que el subdesarrollo no es visto como un estado originario, cuya responsabilidad está en los mismos países subdesarrollados, sino que es una consecuencia del capitalismo histórico. Este planteamiento criticó a algunas de las posturas comunistas que sostenían que los países latinoamericanos eran “semifeudales” y en esa medida, debían  colaborar con la denominada burguesía progresista para llevar a cabo la revolución burguesa y después llegar al socialismo.

Recordemos que Wallerstein retoma algunos planteamientos de los teóricos latinoamericanos sobre la teoría de la “dependencia”[12] para explicar que hay unas zonas del centro que explotan a otras, periferia, por medio de una división mundial del trabajo. En este sentido, la economía-mundo capitalista esta marcada por una división axial de labor entre los procesos de producción centrales y los procesos de producción periféricos, lo cual da como resultado un intercambio desigual.

La pregunta que surge aquí es, si el sistema-mundo capitalista avanza con estas contradicciones, que para Wallerstein, mientras nos se profundicen, el sistema puede contenerlas, ¿cuál es la salida para América Latina? ¿Siempre será periferia? Para hallar la respuesta es necesario hacer un rápido recorrido de la historia de latinoamericana en el siglo XX, para ello, mencionaré a tres autores: Oswaldo Sunkel, Marcelo Cavarozzi y Francisco Weffort.

Sunkel (1991), menciona que desde la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, Latinoamérica se basó en un modelo exportador, que fomentó un crecimiento de la productividad y generó excedentes. Sin embargo, dicho modelo distaba del proceso que habían tenido los países centrales donde había ocurrido la Revolución Industrial. En este sentido, la realidad latinoamericana poco correspondía a los supuestos teóricos de la economía neoclásica y keynesiana, que en ese momento eran las principales corrientes teóricas que explicaban las características y funcionamiento del capitalismo avanzado.

Después de la crisis de los años treinta, los países latinoamericanos implementan un nuevo modelo basado en la sustitución de importaciones que consistió en proteger las economías nacionales, captar recursos del sector exportador y fortalecer el Estado para la creación de infraestructura, promoción del desarrollo industrial, modernización agrícola e inversión del gasto público; en los años cincuenta con la creación de la CEPAL, este modelo recibirá su apoyo y es aquí cuando cobra vigor la teoría de la “dependencia”. Sin embargo, a mediados de los setentas este modelo de industrialización comienza sus crisis. [13]

Posteriormente, en los años ochenta,  según Sunkel, se dará una contradicción ya que por un lado, crecerá la demanda por la participación democrática debido a los grandes cambios generados por los procesos de urbanización e industrialización, y por otro lado, el creciente endeudamiento externo, ocasionará unas políticas de ajuste, que irán en detrimento de los sectores populares y clases medias, sectores que precisamente, son los que van a demandar esa mayor participación democrática.

Sunkel, propone que el desarrollo en América Latina de ser “desde adentro” hacia fuera en lugar de “hacia dentro” como fue el modelo de sustitución de importaciones. Su propuesta  consiste en orientar la industrialización hacia mercados internos y externos que le permita a los países latinoamericanos posicionarse en la economía mundial.

Cavarozzi (1991) analiza los diferentes factores que afectaron los procesos de consolidación de la democracia en América latina, específicamente en México, Brasil, Chile, Uruguay y Argentina,  en la década de los años ochenta. Para el autor, la debilidad de las instituciones representativas no se debió únicamente a la forma particular en que se dieron las transiciones democráticas en estos países, sino  también, al agotamiento de la “matriz estadocéntrica” o al modelo de sustitución de importaciones que venía desarrollándose desde la década de 1930. [14]

Los dos autores coinciden en las causas principales de la crisis de la década de los años ochenta, los cuales son: crisis de la deuda externa, crisis del modelo de desarrollo, (que el caso de Cavarozzi, le va ha llamar “matriz estadocéntrica” MEC), y el aumento de las demandas democráticas. Sunkel, menciona que las crecientes demandas democráticas se vieron frustradas por las políticas de ajuste que se implementaron para solventar la crisis económica debido a la deuda externa, y que esto generó una serie de conflictos sociales,  para  Cavarozzi , los conflictos sociales se debieron a que los regímenes políticos fallaron en su capacidad de distribuir los beneficios y sus procedimientos para la toma de decisiones no fueron ordenados ni negociados, contribuyendo a una deslegitimación del régimen. La propuesta de Cavarozzi para la construcción de un Estado desarrollista, que le permita a los países latinoamericanos un mayor crecimiento económico, es la combinación de la des-regulación y re-regulación del mercado.

Weffort (1990) plantea la problemática relación entre democracia y modernidad en América Latina en el marco de la crisis de los años 80s y 90s. Las razones para esta difícil relación se debe a la crisis económica y social de los 80s, caracterizada por una recesión económica que trajo como consecuencias, desempleo, marginidad social, subempleo, caída de ingresos, destrucción del medio ambiente, entre otros. En este contexto, se fortalecieron las economías ilegales como el narcotráfico. En  contraste con lo anterior,  crece las demandas democráticas de la región debido a un avance en la cultura política. Lo que plantea el autor es que la consolidación de una democracia, una modernización, junto con una construcción nacional, dependen de la superación de la crisis económica y social a través de la integración social que supere la grandes divisiones sociales entre “integrados “y “excluidos”,  de una integración regional o cooperación económica entre los países latinoamericanos, y de una integración internacional que recupere un papel importante en la economía mundial, de lo contrario, América Latina estará equivocada, es decir, dividida, excluida y marginada en relación consigo misma y con el mundo moderno. [15]

En síntesis, la respuesta a la pregunta sobre si América Latina tiene otra alternativa a la de ser periferia en el sistema-mundo, según estos autores, una podría inferir que sí hay otras posibilidades, al menos para mejorar sus economías; para Sunkel, es un modelo de desarrollo “desde adentro”, para Cavarozzi, es la combinación por parte del Estado de la des-regulación y re-regulación del mercado. Por su parte, Weffort, insiste en una integración regional o cooperación económica entre los países latinoamericanos, cambiaría su posición de desventaja. Sin embargo, para Wallerstein, el sistema-mundo es un sistema bastante desigual, con muchas contradicciones y en el momento que estas contradicciones se profundizan generan crisis. El capitalismo ha tenido la capacidad de adaptarse y superar las crisis, pero actualmente se ha agudizado, y las reacciones de los movimientos antisistémicos así lo demuestran. En otras palabras, las desigualdades y la pobreza no van a cambiar sustancialmente en este sistema- mundo capitalista, la única solución sería otro sistema-mundo, y parece ser que estamos cerca a ello (es lo que Wallerstein denomina la “transición”), la inquietud, es si va a ser mejor o peor que el que tenemos.


LOS MOVIMIENTOS SOCIALES Y EL SISTEMA MUNDO. EL CASO DE COLOMBIA

Wallerstein menciona lo siguiente: “Una característica definitoria de una economía-mundo es que no está limitada por una estructura política unitaria. Por el contrario, hay muchas unidades políticas dentro de una economía-mundo, tenuemente vinculadas entre sí en nuestro sistema-mundo moderno dentro de un sistema interestatal. Y una economía-mundo comprende muchas culturas y grupos (que practican múltiples religiones, hablan múltiples idiomas y son diferentes en sus comportamientos cotidianos). Esto no significa que no hayan desarrollado algunos patrones culturales comunes, lo que llamaremos una geocultura. Significa que ni la homogeneidad política ni la cultural debe ser esperable o encontrada en una economía-mundo. Lo que unifica con más fuerza a la estructura es la división de trabajo constituida dentro de ésta”. [16]

De lo anterior podemos mencionar lo siguiente, la economía- mundo está integrada a través de un sistema interestatal, compuesto de Estados-naciones. Para Wallerstein, a diferencia de algunos teóricos de la globalización, los Estados-nación tienen un papel importante en la economía mundial. Pues el Estado facilita la acumulación del capital por la formación de “cuasimonopolios”, invierte en la infraestructura para beneficio de las empresas en el transporte de mercancía, etc. Si bien es cierto, como lo platea Kenichi (1995)[17] que en una economía global, muchas decisiones se tomas por fuera de las fronteras nacionales y hay organismos más poderosos que los Estados-nación, todavía muchas empresas se ven afectadas por las decisiones de los Estados.

El otro punto a destacar es que la economía-mundo incluye muchas culturas y grupos, sin embargo, se desarrollan algunos patrones culturales comunes, geocultura, que en los últimos dos siglos ha sido el liberalismo centralista, y que desde 1968 fue cuestionado, al evidenciar que los ideales de Libertad, Igualdad, y fraternidad se no se cumplían para la mayoría. Según, Beck, (2000)[18], en un contexto de globalidad hay una exigencia, universalmente aceptada, de respetar los derechos humanos -también considerada como el principio de la democracia. La propuesta de Wallerstein es que los movimientos antisistémicos o movimientos sociales, profundicen en los ideales liberales para que realmente se cumplan.

Esta situación no es muy distinta de lo que ha pasado en Colombia en los últimos treinta años. Archila (2006)[19] El autor en el artículo analiza los cambios y/o mutaciones y resultados de los Movimientos Sociales en Colombia desde 1975 a 2005. Para dicho análisis se centra en  una de sus expresiones puntuales de los movimientos sociales, la protesta social, aunque no desconoce que existan otros mecanismos para hacer sus demandas públicas. A partir de una mirada histórica de la trayectoria o desarrollo de las luchas sociales y de un análisis de su actual coyuntura, el autor sostiene que los cambios en los movimientos sociales se deben a que las formas propias de la modernidad capitalista están en crisis, esto refleja una crisis en el modelo centralista y vertical de las organizaciones sociales que centraban su lucha en la identidad de clase, ahora las protestas son policlasistas y reivindican una identidad apoyada en la diferencia. Igualmente, las demandas no se basan únicamente en lo material sino en lo cultural y lo político, entendido este último no sólo como la participación electoral, sino como la demanda al cumplimiento de los Derechos Humanos y a una salida política del conflicto armado.

En conclusión, la situación de América Latina en el sistema-mundo capitalista no es muy alentadora, a no ser, por el protagonismo que puedan tener los movimientos sociales como el Foro Social Mundial, u otros tipos de movimientos que busquen transformar el sistema en algo más igualitario y democrático. El camino es largo y los retos no son pocos pues el sistema tratará de reponerse. Como dice Wallerstein, estamos ante muchas “bifurcaciones” no sabemos cual será el resultado, el futuro está exclusivamente en mano de todos nosotros.



[1] Tomado de: GANDÁSEGUI, Marco (2002). El sistema-mundo de Walllerstein y la Transición. Disponible en: http://www.uruguaypiensa.org.uy/noticia_86_1.html. Acceso en: 30 abril 2012.  Y, RITZER, George (2002). La Teoría Sociológica Moderna,  quinta edición. Madrid, McGraw-Hill/Interamericana de España. pp 200.
[2] WALLERSTEIN, Immanuel (1979). El moderno sistema mundial. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Madrid, Siglo XXI. Capitulo primero. Preludio medieval, pp21
[3] Ídem, pp 22
[4] Ídem, pp52
[5] Ídem 53
[6] WALLERSTEIN, I. (2004). “El desarrollo de la sociedad o el desarrollo del sistema-mundo”. En: WALLERSTEIN, I. Capitalismo histórico y los movimientos antisistémicos. Un análisis de sistemas-mundo. Madrid-España, AKAL ediciones, pp. 128

[7] WALLERSTEIN, Immanuel. (2004). “El ascenso y futura decadencia del sistema-mundo capitalista: conceptos para un análisis comparativo” en: WALLERSTEIN, Immanuel. Capitalismos histórico y los movimientos antisistémicos. Un análisis de sistemas-mundo. Madrid-España, AKAL ediciones, pp. 88
[8] WALLERSTEIN, I. (2004). “El ascenso y futura decadencia del sistema-mundo capitalista: conceptos para un análisis comparativo” en: WALLERSTEIN, Immanuel. Capitalismo histórico y los movimientos antisistémicos. Un análisis de sistemas-mundo. Madrid-España, AKAL ediciones, pp. 100
[9] WALLERSTEIN, Inmanuel (2005). Análisis de sistemas mundos. Una introducción. México, Siglo XXI editores, pp 22 (Edición digital) http://es.scribd.com/doc/25032771/Wallerstein-Immanuel-Analisis-de-sistemas-mundo. Acceso en: 30 abril 2012.

[10]  WALLERSTEIN, I. (2004). “El ascenso y futura decadencia del sistema-mundo capitalista: conceptos para un análisis comparativo” en:   WALLERSTEIN, Immanuel. Capitalismo histórico y los movimientos antisistémicos. Un análisis de sistemas-mundo. Madrid-España, AKAL ediciones, pp. 102
[11] Ídem, pp 91
[12] La teoría de la Dependencia” surgió en los años setenta debido a la contribución de varios analistas vinculados con la CEPAL, siendo el más reconocido, Raúl Prebisch. Esta teoría plantea que la pobreza de los países latinoamericanos se debe  a unas condiciones históricas que han estructurado el mercado global de tal manera que favorece a los países centrales y mantiene a los de la periferia, o sea, países del sur en constante pobreza.
[13] SUNKEL, Oswaldo [1991]. “Del desarrollo hacia adentro al desarrollo desde dentro”, en: José Luís Reyna (Compilador). América Latina a fines de siglo, pp. 15-60.
[14] CAVAROZZI, Marcelo [1991]. “Más allá de las transiciones en América Latina”, en: José Luís Reyna (Compilador). Op. Cit., pp. 460-485.
[15] WEFFORT, Francisco [1990]. “La América equivocada: apuntes sobre la democracia y la modernidad en la crisis de América Latina”, en: José Luís Reyna (Compilador). América Latina a fines de siglo, México, F.C.E., 1995, pp. 399-431.
[16] WALLERSTEIN, Inmanuel (2005). Análisis de sistemas mundos. Una introducción. México, Siglo XXI editores. pp 19. (Edición digital) http://es.scribd.com/doc/25032771/Wallerstein-Immanuel-Analisis-de-sistemas-mundo. Acceso en: 30 abril 2012
[17] OHMAE, Kenichi (1997). El fin del Estado-nación, Santiago de Chile, Editorial Andrés Bello, pp 20.
[18] BECK, Ulrich (2000): ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización, Barcelona, Paidós, pp 29.
[19] ARCHILA. Mauricio [2006]. “Los movimientos sociales en la encrucijada de comienzos del siglo XXI”, en: F. Leal (Editor). En la encrucijada: Colombia en el siglo XXI, Bogotá, Ed. Norma, 2006, pp. 261-289.
* Historiadora, Universidad del Valle.


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